Las prisas no son buenas

Muchas veces empezamos un dibujo por que la foto nos llamó la atención, y sentimos ganas de tomarla como modelo. Sin embargo cuando vas por la mitad te das cuenta de que tal vez no fue buena idea, ni va a quedar como esperabas. Además por si fuera poco te pilla en un momento de desgana, no ves avances, sientes que estás dando vueltas en círculos y para no echar a perder todo el trabajo decides darle unos cuantos toques más y finiquitar el dibujo.

Esto casi nunca da resultado, al final te encuentras con una pieza a medio camino entre aquí y allí, a la que parece que le falta algo aunque aparente estar acabada. Lo mejor en estos casos es aparcarla y retomarla más adelante, cuando tu mirada se allá despejado, y veas el dibujo y la foto con una nueva visión. Como ya dije en más de una ocasión revisitar las obras nunca está de más; si ya te sentías satisfecho o satisfecha con el resultado entonces se confirmará, si no, tienes la opción de retrabajar la obra o de tomar nota de los errores y sacar lecciones para la siguiente.

El retrato que os dejo hoy es uno de esos. Espero que se note la diferencia entre el antes y el después ─podéis jugar al juego de las diferencias, que dicen que es muy bueno para mejorar la atención. No os olvidéis de dibujar y de visitar el resto del blog y por supuesto de disfrutar del verano.

Después
Antes

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